Íbamos por buen camino, pero hemos dado un paso atrás. Es el principal titular que se extrae de los datos provisionales del Observatorio Sostenibilidad, que cifra en un 1% el incremento de emisiones de gases de efecto invernadero durante este año 2024 que está a punto de concluir. El dato contrasta con lo sucedido en 2023, cuando se redujeron un 6,3%, principalmente gracias al empuje de las energías renovables.
En 2005 se alcanzó el pico máximo de emisiones
¿Cuál es el motivo de este retroceso? Pese a que las energías limpias siguen batiendo todos los récords —el 56% de la generación eléctrica este año será de origen renovable, lo que significa un máximo histórico—, el sector del transporte lastra la batalla climática, dado que la electrificación del parque móvil no avanza al mismo ritmo que en otros países de nuestro entorno. La causa principal del repunte es el aumento del 4,2% del consumo de petróleo respecto a 2023, principalmente por fenómenos como el crecimiento económico, el auge del turismo o el mayor volumen del transporte por carretera, cuyas emisiones crecen un 1,6%.

La pregunta que surge de manera inevitable es si es posible revertir este ascenso para lograr los objetivos climáticos. La respuesta la dio, al menos en parte, la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), integrada por científicos pertenecientes a 150 países: para frenar el declive de la naturaleza, plasmado en buena medida en el cambio climático provocado por el ser humano, hacen falta cambios profundos. En su opinión, no basta con las medidas que se han venido adoptando tradicionalmente, como la creación de reservas, destinar más presupuesto o las restricciones, las normas y las leyes, sino que urge transformar nuestra mentalidad para frenar la alarmante pérdida de biodiversidad.
Fuente: Los 40
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